A la salida del trabajo, camino dirección a casa con la mente cargada de problemas, dolor. Me siento tan cansada, tan cansada... Sin darme cuenta tomé el camino que pasa por el parque, frente a mi, un banco de madera solitario. Me siento sin tan siquiera pensar.


Tarde fresca otoñal, con una fina corriente de aire que arranca las muertas hojas de los altos árboles. Miro su bailar y como es arrastrada hasta tocar el suelo. No observo, nada más miro. Hay personas haciendo ejercicio, niños jugando, humanos jugando con sus perros o tal vez perros jugando con sus humanos … Pero yo nada más miro el bailar de las hojas muertas. Sin ruido, sin tiempo, en mi mundo, ajena de todo lo exterior a mi persona.

Una gota fría me cae en la cara despertándome de mi ensoñación y trayéndome nuevamente al mundo. Ahora me doy cuenta que perdí la loción del tiempo, los niños ya no están, las farolas ya se encendieron, los perros con sus humanos son menos y corren a casa entre risas, continuando sus juegos, su felicidad.


Al levantarme veo una pareja de enamorados, tomados de la mano, parecen tan felices. “ Parecen “ Ella una rubia de bote muy acicalada, apremia a su enamorado, tirando fuertemente del brazo y con cada gota que le cae, grita exageradamente como si del diluvio universal se tratara. Él , moreno de pelo corto, con cara de no entender el porqué de su exageración y con gesto de molestia, seguro piensa el porqué tiene esa mujer que llamar la atención de tal manera tan incomprensible, nada más son pequeñas gotas.


A cada segundo ella está más histérica y se suelta de la mano de él. Juntos llegamos al semáforo, que está en rojo. Él insiste en que no se acerque tanto al final de la acera, ella lo ignora. En ese instante un coche que va a gran velocidad, levanta una ola de barro que va a parar a la cara de esa muñequita estúpida, arruinado su maquillaje y recién terminado peinado de peluquería. Él cambia su rostro y se muere de risa al ver como su chillona novia que había quedado empapada de barro, de pies a cabeza. Ahora permanecía quieta, con la boca abiertas y en silencio.


Al cambiar el semáforo dejé a la pareja con su situación divertida y me dirijo a casa. Cuando cierro la puerta de casa, no puedo soportar aguantar más la risa y rio como años atrás con fuertes carcajadas mientras me quito el abrigo, las botas y el bolso. Me tumbo en el sofá a pensar en la conclusión final del día, mejor dicho tres conclusiones finales :

1 – Todos nacemos para sufrir, que erróneamente se le llama VIVIR y cada cual posee sus propios problemas.

2 – Reírse de las estupideces humanas sienta muy bien.

3 - ¡ AMO LOS DÍAS LLUVIOSOS DE OTOÑO ! “ .

EME82

Reviewed by EME82 on septiembre 07, 2020 Rating: 5

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