“ EN LAS CATACUMBAS DE PARÍS :


Unos amigos me propusieron visitar Las Catacumbas de París, pero de una forma diferente al turismo, sería ir por los túneles prohibidos al público, así que iríamos en la madrugada para no ser descubiertos y deberíamos tener cuidado con los sensores de movimiento y las cámaras que los vigilan.

Cuando dieron las 00 h. salimos y penetramos por un túnel que uno de mis amigos conocía, pues había tomado fotos muchas veces y sabía que allí no había seguridad alguna, ello lo hacía mucho más peligroso, ya que si te perdías jamás serías encontrado.


Nuestro grupo se componía de cuatro integrantes. Cuando habíamos entrado alrededor de un kilómetro catacumbas adentro, se comenzó a sentir una horrible sensación, al menos yo sí la presentí. Se lo dije a ellos, pero se rieron diciendo que tenía miedo. Así que callé y continuamos. Ellos en cabeza y yo en la retaguardia, tomaba fotos en silencio, mientras ellos muy animados no paraban de reír, hablar y tomar vídeos para compartir con sus fans.


En un momento, el aire se hizo más pesado, más frío, más mal oliente, les pedí regresar y me dijeron que regresara sola, que ellos se comenzaban a divertir y sus seguidores aumentaban las visitas al directo que estaban realizando. Yo escuché un murmullo tras de mi que me heló la sangre, me advirtió que no continuara y saliera de allí, pues perturbaba a las almas que estaban allí, atrapadas junto a sus huesos y que habían tenido una muerte violenta y muy dolorosa. Cada paso, se hacía más difícil, más susurros se unían a la voz primera que escuché. Dije a mis amigos, que estábamos siendo advertidos del peligro en el que nos estábamos metiendo, pero me ignoraron nuevamente.


Las alegría y las risas cesaron en pocos segundos, las linternas comenzaron a fallar, el directo se cerró, una mano fría tocó la espalda de la otra chica y comenzó a gritar histérica. Los chicos miraban a todos lados, pero no se veía a nadie. La luz se apagó un segundo y uno de mis amigos desapareció. Cuando volvió la luz, eramos tres.


Las histeria aumentó. Yo comencé a desandar el camino tras haber llamado en repetidas ocasiones buscando a mi amigo, que jamás respondió. Yo caminaba, pero los histéricos corrían. Otra vez la luz se apagó y la chillona desapareció. Quedamos dos. O tal vez yo, porque mi amigo no me esperó. ¿ Por qué no corría yo ? Pues porque mi salud me lo impide. Las voces enfadadas decían que saliera y jamás volviese. Allí estaba el mal. El mal quiere sacrificio y la soberbia se paga. Ellos se burlaron del dolor que les dije tenían esas Ánimas y no les gustó . Se me hizo una noche eterna, nunca creí salir de allí.


Al amanecer encontré el final del túnel. Denuncié a la policía, lo sucedido y dijeron que seríamos multados por lo sucedido, ya que habíamos violado la ley. Se realizó una búsqueda pero jamás los hallaron a ninguno. Se notificó a los familiares, que ellos se habían extraviado por la red de los túneles de Las Catacumbas, que no eran los primeros y no serían los últimos. Yo pagué una fuerte multa y desde ese día vivo en un lugar de reposo “ LOQUERO “ pues mis amigos no me dejan de decir que ahora comparten el dolor de las Ánimas que habitan en Las Catacumbas de París y que sus huesos son una nueva decoración en una de las salas de Osario en un lugar poco visitado POR VIVOS “ .


EME82


Reviewed by EME82 on octubre 25, 2020 Rating: 5

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